Cuando alguien se sincera contigo, y te cuenta sus sentimientos, inevitablemente los comparas con los tuyos, con los que tuviste o con los que todavía no lograron desaparecer. Ella me ha contado los suyos, y aunque no creí que llegado el momento iba a actuar así, no me he enfadado, ni mucho menos. Me ha ayudado mucho, ha sido una persona que me ha marcado, y no puedo enfadarme. Al contrario, me alegra saber que tiene claro lo que siente y ha decidido luchar por ello...
Como decía se comparan sentimientos, y yo he comparado con los que creía que ya estaban guardados en un cajón, cerrados con llave, y enterrados de por vida. Resulta que por ese cajón entra un rayo de luz, una grieta impide que se guarden del todo y para siempre... Esa persona que marcó un antes y un después en mi vida sigue ahí, por mucho que me empeñe en que desaparezca. Quizás no la quiera como antes, el tiempo va cerrando heridas y lo que antes ahogaba ahora sólo molesta un poco... pero la cicatriz palpita, como palpita el corazón cada vez que alguien menciona su nombre, cada vez que mi mirada se posa en una foto, en una carta, cada vez que mi mente vuela hasta ese sofá donde empezó todo...
Se que no tiene solución, pero confío en el destino, y en eso que dicen que si dos personas están hechas para estar juntas, tarde o temprano lo estarán. Cuando estábamos juntas no había nada más fuerte en el mundo, ella era mi mitad, y yo la suya... ojalá algún día pueda volver a ser la suerte de su vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario