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Leo y releo párrafos con palabras estratégicamente colocadas para que cualquiera que se sienta identificado con ellas pierda la cabeza y enloquezca el corazón. Y no hace falta que mencionen un nombre, porque sabes que tienes que aplicarte cada una de esas frases.
Mientras navego entre tus pensamientos, yo no me encuentro, ya no floto sobre tus letras, ya no. Antes escribías sobre mi, literalmente. Mi espalda desnuda era tu lienzo, y la tuya el mío.
Ahora que no me identifico, y desde que ya no escribes sobre mi, yo ya no escribo sobre nadie... nadie que no seas tu.
Cuanto más te alejas, más te echo de menos.

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