22 de abril de 2013

Agárrate de mi mano, que tengo miedo del futuro.

Y aquí estoy, sentada en el sofá del salón de esta casa, que se hace cada vez más grande, más frío, más oscuro, más... sin ti. Y va cayendo la noche, y nuestra historia encuentra un hueco en cualquier rincón de la habitación, se instala sin permiso, pero inevitablemente, en cada uno de los poros de mi piel.

-La gente no se encuentra y se enamora- dijiste. Yo no opino lo mismo.
Echo la vista atrás, y recuerdo todos y cada uno de los momentos en los que había un nosotras, esa noche en la que nuestros labios chocaron inesperadamente, y mis latidos, acompasados con los tuyos, encontraron un puto motivo por el que seguir vibrando. Aquella noche, podría convertirse en el mejor poema escrito, o en cualquier otra canción perfecta de Suárez.
Había esperanza escondida en el lugar que elegimos para empezar a escribir nuestro guión, y yo, no la he perdido.
A pesar de que parezca que nuestros caminos son totalmente opuestos, que siempre hay alguna razón que te dice -frena-, que eso que empezó hace dieciocho meses se ha disuelto entre nuestras manos, puedo decir que sigo enganchada a tu tez blanca, a tu forma de querer(me), a tu risa nerviosa al verme, a tus ganas de nada, menos de mi.

Y no hay un solo día, que no aparezca la impotencia para decirme lo absurda que es la vida si no estás tu en ella. Y a mi con eso me vale.

Lanzo un alto al fuego. A un fuego absurdo. Tiendo mi mano a recobrar todos esos días, miradas, en los que  estábamos en ese otro mundo, y hacer del plano secundario en el que vivimos, la historia protagonista de nuestra vida.

"Quiero que grites conmigo que me amarás toda una vida."

17 de enero de 2013

Cuanto más... más.

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Leo y releo párrafos con palabras estratégicamente colocadas para que cualquiera que se sienta identificado con ellas pierda la cabeza y enloquezca el corazón. Y no hace falta que mencionen un nombre, porque sabes  que tienes que aplicarte cada una de esas frases.
Mientras navego entre tus pensamientos, yo no me encuentro, ya no floto sobre tus letras, ya no. Antes escribías sobre mi, literalmente. Mi espalda desnuda era tu lienzo, y la tuya el mío.
Ahora que no me identifico, y desde que ya no escribes sobre mi, yo ya no escribo sobre nadie... nadie que no seas tu.

Cuanto más te alejas, más te echo de menos.