16 de octubre de 2011

Incluso para bien...

Tantas noches sin dormir con alguien que no fuera su peluche le hizo olvidarse de esa sensación... Hasta que de repente, surge. Unos brazos, una piel... Besos furtivos que se pierden entre las sábanas. Da igual que la cama no sea lo suficientemente grande para los dos cuerpos, porque el espacio que necesitan es reducido, tan sumamente pequeño que los dos parecen uno sólo...
Así se sintió la noche en la que decidió acudir a su cita. Su amiga iba a estar sola, y la invitó a que cenaran juntas, vieran una película y luego... lo que surgiera. Sabía que detrás de esa invitación, se escondía un sentimiento imposible de definir hasta entonces. Casi sin darse cuenta allí estaba, con ella en el sofá, riéndose, criticando toda la programación de la tele...
-¿Tienes hambre? Voy a ver qué hay por ahí...-
Cuando terminaron de cenar, decidieron que lo mejor era ver la peli en la cama, estarían mucho más cómodas...
Nerviosa, la acompañó hasta su habitación, se descalzó y se dejó caer sobre el colchón, lleno de cojines que parecían protegerla de lo que estaba a punto de suceder... Y cinco minutos después de que el título apareciera en la pantalla, las caricias empezaron a brotar, y de las caricias a los besos no hubo más que un instante... Después de un largo tiempo envueltas en placer, se abrazaron... desnudas, cansadas... pero juntas al fin y al cabo...

De como una noche puede cambiar las cosas, incluso para bien...

No hay comentarios:

Publicar un comentario