2 de octubre de 2011

Aprender a mentir...

Aquella muchacha que antes lloraba escondida entre las sábanas de su cama, ahora mostraba un amago de sonrisa en su cara. Intentaba convencerse a sí misma de que ya no sentía nada, que todo había pasado, que por fin lo había conseguido.
-Sé feliz- Se decía. Pero en su interior podía encontrar montañas de recuerdos que hacían que siguiera atrapada en aquel callejón, para ella sin salida hasta entonces. Por más que cerraba los ojos e intentaba huir de aquel laberinto que conducía a ninguna parte, se encontraba vacía, sola, sin amor... sin nada.
A su alrededor, miles de personas aparentemente felices rodeadas de millones de momentos que iban escribiendo cada pequeña historia. Las calles respiraban paz, todo lo que se cruzaba a su paso era la viva imagen de la felicidad... Coincidencia o mala suerte, pero el mundo parecía conspirar contra ella.
Se preguntaba... -Ellos tienen todo. Y yo... ¿Qué tengo yo?
Sabía que buscaba algo que no volvería a encontrar, eso que se le escapó de las manos casi sin darse cuenta. Y pensaba que su guión había llegado a su fin, y era incapaz de encontrar un aliciente que le incitara a reescribirlo.
Y así transcurrían los días para aquella chica, paseando bajo el cielo gris que cubría su mundo...  Esperando algo que transformara la tormenta que caía sobre ella, e intentado encender una vela que iluminara el camino que las luces pasadas habían alumbrado...
La chica más triste que había en la ciudad, había conseguido aprender a mentirse, había conseguido sonreír...

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