Todos tenemos algo que realmente nos hace felices. La mayoría se conforman con lo material, con lo que cuesta mucho pero no vale nada. En cambio, yo he dado un pequeño salto, y he aprendido a ser feliz con las pequeñas grandes cosas.
Un abrazo en mitad de la noche, el roce de una piel, la sonrisa al despertar y ver que aún sigue ahí, una mano entrelazada por la calle, un paseo matutino bebiendo café para llevar, fotos y fotos que retratan los inicios de toda una vida, coincidencias que no dejan de sorprender, besos que lo dicen todo, miradas en las que te puedes perder y no regresar nunca, frases en la pared, canciones en un bar, agua cayendo sobre el cuerpo, desorden que ordena tu vida, comidas en solitario, anécdotas en compañía, primeros encuentros, un te quiero al oído, respirar fuerte y profundo, risas nerviosas, apoyo mutuo, gestos transparentes… En definitiva, todo lo que no se puede comprar, todo lo que no se puede olvidar, todo lo que se lleva por dentro… No cuesta nada, pero vale mucho.